Dra. Maria Guerrero Escusa

Dra. Maria Guerrero Escusa
FUNDADORA DEL CENTRO DE ATENCIÓN PSICOLÓGICA, CAPS PSICOLOGOS EN 1991

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jueves, 30 de junio de 2016

Los Órdenes del Amor, órden nº 4.



A cada uno el lugar que le corresponde.

En realidad este orden es una derivación del primero. Parece sencillo y hasta obvio, pero no siempre se da. Cuando se cumple y cada uno asume con claridad el lugar que el contexto le asigna, las relaciones se despliegan con claridad, nutrición y gratitud. Por ejemplo, el hijo que es hijo y no pretende tomar el lugar de padre de sus padres, o de pareja invisible o de amigo o confidente de alguno de ellos; o los padres que mantienen su grandeza ante los hijos sin pretender obtener de ellos lo que corresponde a sus propios padres, o a la pareja.
Lo mismo es aplicable a otros ámbitos más allá del familiar. Por ejemplo, en el contexto educativo, lo ideal es que el maestro asuma su lugar de enseñante sin pretender dar lecciones de paternidad, y que los padres respeten y valoren a los maestros, que ayudan a los alumnos en el proceso de desplegar sus alas en el mundo del conocimiento y de la vida. Imaginemos que el gobierno que regula la educación lo hace con respeto a los padres, a los alumnos, a los maestros y a los votantes que los eligieron. 

En fin, cada uno en su lugar y en la función que el contexto le asigna. La característica de las personas que reconocen claramente su lugar es que se respetan y sienten un respeto espontáneo por los demás. Saben retenerse para no abarcar lo que no les corresponde, pero abarcan sin dudar aquello que sí les corresponde. 

El amor requiere por tanto de un cauce para orientarse, para caminar en la dirección del gozo y del respeto interpersonal. En el sentido que lo estamos formulando, siguiendo a Hellinger, el orden precede al amor y, cuando es respetado y reconocido, el amor resplandece.

JOAN GARRIGA del libro Vivir en el alma (Ed. Rigden-Institut Gestalt) capítulo Los órdenes del amor en el alma gregaria

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