Dra. Maria Guerrero Escusa

Dra. Maria Guerrero Escusa
FUNDADORA DEL CENTRO DE ATENCIÓN PSICOLÓGICA, CAPS PSICOLOGOS EN 1991

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jueves, 30 de junio de 2016

LOS ORDENES DEL AMOR (óden 1)



Constelaciones Familiares y los órdenes del amor


En las próximas entradas entraremos a conocer un poquito más de las constelaciones familiares y los ódenes del amor de la mano Joan Garriga, uno de sus máximos exponentes y autor de los libros "Vivir en el alma"; "El buen amor en la pareja" y ¿Dónde están las monedas?. 



Por JOAN GARRIGA

En las Constelaciones Familiares, los órdenes principales, llamados Órdenes del Amor, son esenciales para que el amor -que casi siempre está presente entre personas que se sienten vinculadas- se torne bienestar y crecimiento. Son muy simples, y como veremos guardan estrecha sintonía con las leyes que actúan en la conciencia del colectivo. Son:
 
Orden nº 1. Asumir e interiorizar la prioridad de los anteriores, que impediría que los posteriores se inmiscuyeran en sus asuntos.
Orden nº 2. Igual derecho a la pertenencia de todo y de todos los que forman parte de la red de vínculos.
Orden nº 3. Atención y cuidado del equilibrio en el intercambio, en las relaciones humanas, entre el dar y el recibir.
Orden nº 4. A cada uno el lugar que le corresponde.

El 1º orden del amor nos dice que en la red de vínculos, todos sin excepción, con independencia de si se les juzga positiva o negativamente, tienen el mismo derecho a pertenecer y a ser incluidos y dignificados, permitiendo y exigiendo que asuman su destino y sus culpas y las consecuencias de las mismas, cuando así fuera el caso. 
En la práctica ocurre que los sistemas familiares excluyen o apartan a algunos de sus miembros porque condenan su comportamiento, o porque su recuerdo es demasiado hiriente, vergonzoso o doloroso. A veces, hay personas que murieron pronto, o personas que se suicidaron, y esto ocasiona dolor o vergüenza en los descendientes, o bien incluso padres a los que se juzga por no haber hecho lo adecuado o por irresponsables, malos, maltratadores, abandonadores, alcohólicos, etcétera. 
En realidad, excluir es un movimiento de la mente personal que trata de protegerse de lo que le genera dolor. Pero la Mente Colectiva, el Alma común, no entiende el lenguaje de la exclusión y sigue un principio existencial que reza que "todo lo que es tiene derecho a ser tal como ha sido, y a ser reconocido de esta manera". 


Cuando este principio es respetado, como fruto de cavar en el propio proceso emocional y asentir a los asuntos familiares, el pasado queda liberado y el futuro puede ser fuerte y real. Cuando hay exclusiones, la Mente Colectiva impone la consecuencia inevitable de que lo excluido será encarnado de nuevo por personas posteriores, que no tienen nada que ver con el asunto, y que muchas veces inconscientemente, sin saberlo, siguen el destino del excluido. Es el efecto de las habitaciones prohibidas que atraen inevitablemente a algunos en un intento fallido de elaborar y cerrar capítulos dolorosos de los sistemas. ¿Cuántos se hacen alcohólicos siguiendo a un padre despreciado por su alcoholismo? ¿Cuántos padecen un apego frágil a la vida cuando en el corazón de la familia se les vive como miembros que reemplazaron a alguien perdido por muerte temprana, por ejemplo, o se sienten atados a la persona que falleció, y con dificultades para tomar la vida en plenitud? ¿Cuántos sienten impulsos suicidas cuando otros, anteriores, también se quitaron la vida o bien se hicieron culpables de la muerte o la desgracia de otras personas?

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