Dra. Maria Guerrero Escusa

Dra. Maria Guerrero Escusa
FUNDADORA DEL CENTRO DE ATENCIÓN PSICOLÓGICA, CAPS PSICOLOGOS EN 1991

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martes, 12 de abril de 2016

HISTORIAS DE AMOR Y ODIO




“El amor libera y sana, el odio destruye celularmente. La enfermedad es el resultado no solo de nuestros actos sino también de nuestros pensamientos”.
Gandhi

La historia de Luis y Candela.

Llegan a consulta, cuando los recibo se muestran fríos, dejando ver la distancia que les separa. Cuando comienzan a hablar se puede apreciar el resentimiento y el rencor que subyace a sus palabras, se suceden las críticas, los reproches que abren un abismo entre ellos. No se escuchan, se interrumpen constantemente con acusaciones, que son dardos envenenados que van directos a ese punto que es el que más duele y lo saben, aún así continúa el fuego cruzado sin compasión. Al inicio de la entrevista se miraban de soslayo dejando al descubierto su lejanía emocional, sin embargo, conforme se van metiendo en sus respectivos argumentos, sus miradas se vuelven frontales y están encendidas de odio y rabia envolviendo el ambiente con el rencor que emana de sus sentimientos. Este es el último cartucho –manifiestan al final-, sin embargo su mirada está más enfocada en la separación que en el encuentro, lo que dificulta gravemente la comunicación que se encuentra dominada por la descalificación y las quejas “no puedo creer que digas eso”, “la culpa fue tuya”, “si me hubieras hecho caso..”, “nunca me escuchas, no te importa nada de lo mío”, “si fueras de otra manara.., eres odioso. Y ti inaguantable”.

Al escucharlos me cuesta creer que alguna vez hayan estado unidos por un sentimiento noble y, desde luego, me cuesta imaginar que alguna vez se hayan querido, desde luego ahora lo que domina su sentir es el olvido de lo amado, si alguna vez  hubo amor. Cada uno aparece en el otro desdibujado, despojado de las cualidades que un día fueron objeto de reconocimiento y valoración, cegado a esas particularidades personales de las que un día se enamoraron y que hacían que se vieran como seres únicos, excepcionales y maravillosos en relación a todos los demás.

¿Qué nos ha pasado?, ¿Cómo hemos hecho para poner odio dónde antes había amor?.
Nos conocíamos desde hace años por medio de amigos comunes. Desde el principio había mucha atracción física entre nosotros, era como un imán que nos traía irremisiblemente.  Cada uno estaba centrado en su carrera con la ilusión puesta en triunfar en lo nuestro y no salíamos demasiado, pero cada vez que coincidíamos y nos encontrábamos sentíamos alegría de vernos de nuevo, hasta que un día nos dejamos llevar por la pasión y comenzamos nuestra historia de amor. Al principio teníamos sexo a todas horas, no podíamos parar de besarnos y abrazarnos, poco a poco nos fuimos conociendo más y las coincidencias en nuestra forma de ver la vida y como queríamos vivirla eran asombrosas,
nos gustaban las mismas cosas, la misma música, a los dos nos encantaba la naturaleza, amábamos a los animales el deporte, era mágico. Me gustaba todo de él, -dice ella con los ojos brillantes-. Yo la veía como la mujer más especial que había conocido nunca, -dice el esposo sin apenas mirarla, como queriendo recrearse en aquellos sentimientos de tiempo atrás-.

Nuestra intimidad fue creciendo, nos sentíamos muy cerca el uno del otro, hablábamos durante horas, teníamos mucha confianza y nos lo contábamos todo, por cómo me escuchaba sentía que le interesaban mis cosas, era estupendo sentir tanto respeto, cuidado y cariño. Siempre me sentía reforzada por él, afirmación a la que el marido siente con la cabeza mientras dice, y yo por ti, pensaba que contigo a mi lado era capaz de comerme el mundo. Al año de vivir juntos decidimos casarnos, nos sentíamos  comprometidos el uno con el otro, queríamos formar una familia y vivir nuestra vida juntos pero de eso hace ya siete años y ahora mira dónde estamos, no nos aguantamos, siempre estamos discutiendo, todo lo que hacemos nos sienta mal, parece que me tiene manía y a veces adivino el odio en su mirada –dice la esposa mientras comienza a llorar. ¿Y tú, como me miras?, se enfada el esposo, me criticas constantemente, ya no se que hacer para agradarte, todo lo hago mal y me rechazas cada vez que me acerco a ti para mostrarte cariño, pero ahora ya da igual ¡anda ya!.

Esta es una historia que se repite en las conversaciones entre amigos, en las consultas de los psicólogos o en las llamadas al Teléfono de la Esperanza. Dice Sri Chinmoy que odiamos a alguien cuando realmente queremos amarle, pero que no podemos amar porque tal vez él mismo no lo permite, lo que confirma una vez más que el odio es una forma disfrazada de amor como avala la casi totalidad de la literatura y los estudios realizados sobre el tema, entre los que destacan las investigaciones realizadas por Sterberg, en las que observó que el odio no podía ser entendido sin el amor ya que ambos se encuentran estrechamente relacionados debido a la similitud de sus componentes, por lo que formuló dos teorías triangulares que permiten dar explicación a ambos procesos, la del amor y la del odio.

La teoría triangular del amor sostiene que en el amor subyacen tres componentes:
La intimidad, a la que se llega por sentimientos de cercanía, seguridad, confianza y calidez de las relaciones, factores que permiten fomentar el bienestar de la persona amada y potencian el sentimiento de felicidad solo por el hecho de estar en la compañía de la persona amada.
La pasión, referida al impulso que llega al romance y se alimenta de la atracción física y sexual y promueve sentimientos que potencian la autoestima y favorecen la afiliación.
Decisión/ compromiso. La decisión está referida a la elección de amar a una persona mientras que el compromiso va un poco más allá, es la decisión de seguir amando a largo plazo.
Estos  componentes no son estáticos, están en constante interacción entre ellos lo que da como resultado los siete tipos de amor: cariño, encaprichamiento, amor vacío, amor romántico, amor sociable, amor fatuo y amor consumado.
Por otra parte, la teoría triangular del odio es justo lo opuesto de los mismos componentes:
Negación de la intimidad, se trata de ese distanciamiento que busca la desvinculación emocional y está promovido por el rechazo de los actos y comportamientos que nos genera la persona y que termina por el rechazo a todo lo que viene de ella.
Pasión en el odio, se refiere a ese componente que se expresa en forma de furia/ miedo. Cuando el sentimiento predominante  es la furia, precipita a las conductas de enfrentamiento directo y aproximación a la persona que es objeto de ese odio, mientras que cuando el sentimiento es el miedo, precipita hacia la huida y el alejamiento.
Decisión /compromiso en el odio. Hace referencia a la devaluación de la persona o grupos de personas por medio del desprecio. Es decir, se trata de considerar a la persona o personas que son objeto del odio como malas, despreciables o infrahumanas, de esta manera el ataque o el abandono queda justificado.

Del mismo modo que ocurre con el amor, los componentes del odio interaccionan entre sí dando lugar a siete tipos de odio: odio distante, odio caliente, odio frío, odio hirviente, odio humeante, odio rebullente y odio quemador.

¿Cómo se genera el odio?
El odio se va gestando con las pequeñas cosas que vamos dejando sin resolver adecuadamente y va creando círculos de fuego en el que muchas veces acabamos quemándonos.

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