Dra. Maria Guerrero Escusa

Dra. Maria Guerrero Escusa
FUNDADORA DEL CENTRO DE ATENCIÓN PSICOLÓGICA, CAPS PSICOLOGOS EN 1991

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viernes, 27 de marzo de 2015

EL ÁRBOL DE CORAZONES

Por Elena Martínez Ramirez

       En un país muy lejano, muy desconocido y diferente a cuanto conocemos, se encontraba en la pradera de colores el árbol de corazones. Era uno de los ejemplares más admirados y queridos de todo el país, no sólo por su belleza sino por su significado para todos. Era el árbol de las mil historias y las mil leyendas, y tal como citaba una de ellas, era un árbol muy especial, no era como cuantos conocemos en nuestro mundo, tenía el tronco de color naranja y la copa de sus hojas estaba formada por miles de corazones multicolores, todo ello cubierto por un halo de brillo y majestuosidad. Cada una de sus hojas de corazón tenía una finalidad, las de color amarillo eran las destinadas a la familia, las de color blanco las de la amistad, las de color rojo las del amor, las del color verde de la naturaleza, las de color azul de la pureza de espíritu y las de color malva eran muy reservadas, eran las de los afligidos y la tristeza. Es por ello que había pocas hojas de este color, pues se trataba de un árbol de buenos y nobles sentimientos, pero no todo el mundo albergaba en lo más profundo de su corazón tales proezas.

        Así nuestro querido árbol de corazones estaba en continuo contacto con el mundo que lo rodeaba, y por ello siempre estaba observando todos los sentimientos que afloraban en cada uno de los universos paralelos que tenía a su alrededor, guardando así el equilibrio entre ellos y las gentes que lo habitaban.
Pero un buen día todo cambió, parecía una mañana como otra cualquiera pero el cielo había amanecido gris, un profundo olor azufre recorría toda la pradera, el viento era demasiado cálido para la época en la que nos encontrábamos, las nubes parecían casi negras y todo acontecía muy diferente a cualquiera de los días vividos con anterioridad.
Así fue transcurriendo el día, y en la lejanía se vio aparecer a Pipi, era un lindo pajarito del paraíso de color negro y turquesa, era de las más bellas aves de cuantas existía, y como su nombre indicaba venía del paraíso, del edén, y venía muy apesadumbrado.

- Mi querido Pipi ¿qué es lo que enturbia tus pensamientos? Preguntó el árbol de corazones totalmente desconcertado.
- Árbol de corazones debes de ayudarnos, vengo del Paraíso y hay un gran estruendo formado por los mundos que nos rodean, están contagiados unos de otros de falta de buenos sentimientos, el universo se tambalea y con él la existencia que los guarda, ya no hay esperanza, todos lloran y buscan consuelo sin hallarlo, eres tú mi única llave a la alegría que se nos esconde

          El árbol de corazones muy atento escuchaba cuanto le estaba diciendo su amable amiguito.
Pipi estaba triste y abatido, más sabía lo que significaba pedirle tanto al árbol de corazones
Así, interrumpiendo los pensamientos de nuestro pájaro del paraíso, árbol de corazones mirando con cariño a su fiel amiguito alado, sabía cuánto tenía que hacer.
Mientras el aire se hacía más turbio e irrespirable, empezó a temblar moviendo así todas y cada una de sus hojas corazón multicolores, Pipi al mismo tiempo alrededor de él iba batiendo con fuerza sus alas, de esta manera cada una de las hojas de árbol de corazones empezaron a desprenderse de él, y una suave brisa fue trasladando y meciendo a cada uno de estos corazones de colores, el aire se hacía cada vez más puro, las nubes iban blanqueando su color, y la pradera poco a poco iba luciendo en todo su esplendor.

        Pipi sollozando seguía moviendo rítmicamente sus pequeñas y lindas alitas, hasta que sólo quedó una hoja corazón en la parte más alta del árbol de corazones, y Pipi paró sin pensárselo, su querido amigo había perdido todos los colores que lo formaban, incluso el tronco se había coloreado de gris, y sólo la hojita corazón de color rojo le daba un toque de color, árbol estaba realmente cansado y agotado por tanto esfuerzo, así, mirando con cariño a Pipi, le dijo.
- Mi querido y fiel amigo, he aquí dónde se separaban nuestros caminos, dónde se distancian para nunca volver, mientras el mundo rejuvenece con brotes nuevos de bellos sentimientos de arrebatadores colores, yo envejezco y muero Pipi, sabía lo que estaba diciendo, más no quería que aquello ocurriera, así mientras sollozaba sin consuelo alguno fue entonando una linda melodía.
De repente los cielos se abrieron y aparecieron miles de aves del paraíso, cada una de un color diferente tornando el cielo de un gran arco iris alado, todos se fueron aproximando al árbol de corazones y junto con Pipi, cada uno fue cogiendo un minúsculo trocito de hoja de corazón roja, y volando por toda la pradera las aves fueron soltando el pedacito que habían cogido del árbol de corazones, el sol brilló como nunca y poco a poco fueron brotando pequeños arbolitos de corazones por toda la pradera, no quedando un hueco sin cubrir.
     
      Así mientras el gran árbol de corazones se iba marchitando, iban floreciendo miles de árboles de corazones adornando aquel paraje, cubriéndolo con los mejores sentimientos de los universos, con una nueva hoja que tenía todos los colores, la hoja de la Esperanza, que habitaba en todos los nuevos árboles de corazones así como los mundos que los rodeaban, gracias al gran sacrificio y esfuerzo del primer gran Árbol de Corazones.

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