Dra. Maria Guerrero Escusa

Dra. Maria Guerrero Escusa
FUNDADORA DEL CENTRO DE ATENCIÓN PSICOLÓGICA, CAPS PSICOLOGOS EN 1991

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lunes, 3 de diciembre de 2012

UNA MUJER TRANSPRENTE

A ella le hechizaba ser tosca, bruta, exageradamente, tanto que llamaba la atención. El, astuto y atrevido, una vez superado el inicial rechazo, se acercaba a ella mantenimiento una prudente distancia, no vaya a ser que las púas de la piel de la mujer se le clavaran en el pecho y le explotaran sus mejores deseos.

Se abrieron a un juego común. Un juego de posibilidades para ver quien era quien. Los dos avanzaban en esa complicidad recíproca. Cada uno sin olvidar su madriguera. Su posada.

Ella poco a poco fue bajando la guardia, aflojando su coraza de acero y dejó de lanzar miradas agresivas, despreciables, distantes, dejándose acariciar la cara por el viento de la amabilidad. El, lentamente, aplicando la sabiduría de los zorros – hora están cerca, hora están lejos- tendía puentes de madera que se pudieran poner o quitar a discreción y lanzaba palomas mensajeras, con preguntas curiosas, al estilo del Principito: “¿Quién está detrás de tu máscara?” 

Ella dejó de romper los mensajes, de dar patadas en las espinillas por debajo de la mesa y de escupir expresiones barriobajeras, como: “tú no me aguantas un asalto” o “te fulmino con mi desprecio”.

Una mañana se encontraron frente a frente. A ella no le había dado tiempo a pintarse la cara de niña mala. El, despistado, sin argumentos, no  había  ensayado la siguiente partida, el siguiente movimiento de la pieza de ajedrez.

-          ¿Por qué te empeñas en parecer una roca?

-          De pequeña me dijeron que era un camionero.

-          ¿Y te lo creíste?

-         

-          ¿Temes que alguien te haga daño?

-          Alguien me ha hecho daño, por eso...

-          ¿Por eso?

-          Me fortifico

-          ¿Y?

-          Oye, contigo es diferente.

-          ¿Diferente?

-          Sí, me has calado.

-          ¿Y?.

-          ¿Quieres saberlo?

-          Has derribado mis defensas.

-          ¿Tus defensas?

-          Me gustas. Me has visto como realmente soy y me he quedado colgado de ti, como una idiota. Pero -¡qué carallo!- estás ocupado. Esto no tiene arreglo. Me dan ganas de volverme a fortificar.

-          Lo siento. A lo mejor cautivas a alguien más al mostrarte como eres.

-          ¡A lo mejor!. Pero a mi me habías gustado tú.

El pensó que lo mejor era callarse y fundirse con ella en un abrazo. Los que pasaban por allí cuentan que primera vez la vieron llorar.

                               Valentín Turrado

2 comentarios:

  1. Bonito relato de un desmoronamiento, esas corazas alguna vez tenían que caer, es una pena cuando caen con la persona equivocada.

    Besos María.

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  2. Por supuesto que si, porque ese desmoronamiento del ego y las corazas que nos pònemos para protegernos es el comienzo de la autenticidad que nos da paso a vivir desde quienes somos.

    Un abrazo muy grande amiga

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