Dra. Maria Guerrero Escusa

Dra. Maria Guerrero Escusa
FUNDADORA DEL CENTRO DE ATENCIÓN PSICOLÓGICA, CAPS PSICOLOGOS EN 1991

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miércoles, 18 de enero de 2012

DEBE SER AMOR

Cuentan las buenas lenguas que un hombre, felizmente casado, se enamoró de una religiosa, felizmente célibe. Y que una monja, felizmente religiosa, se enamoró de un hombre, felizmente casado.
 
Coincidieron, sin saber y sin esperar, en un largo viejo de muchas horas de sosiego. El escribía poemas en los amplios descansos de aquel largo vuelo; mientras, ella recitaba para su Dios los salmos de las horas. De cuando en cuando dormitaban. Hora él, hora ella, apoyándose sin darse cuenta en el hombro del otro.

-          Disculpe, por Dios.

-          Disculpar, ¿por qué?.

-          Por...

-          Ha sido sin querer.

Y sin querer, como tantas veces sucede en la vida, el amor les agarró a los dos. El le leyó sus versos. Ella le recitaba sus salmos. Hubo un momento en que no se sabían si las palabras eran poemas u oraciones.

Al llegar al destino se envolvieron como se envuelven las personas que se sienten humanas y mientras se daban sus e-mails se miraron a los ojos como solamente se miran los que han respirado el amor. 

-          ¿Sabes?

-          ¿Qué?

-          Que esto debe de ser amor.

No se sabe muy bien quien de los dos balbuceó las últimas palabras.

Los años no trajeron la distancia. Al contrario, pulieron aquella osadía, hasta que la turbación entró en las entrañas de aquel hombre felizmente casado.

En uno de sus largos paseos, muy de mañana, se encontró de pronto recitando los viejos salmos, las palabras sabias de la antigüedad, en las que le pedía al Buen Dios luz y sosiego para su corazón. En la espesura del monte gritaba sus dudas y zozobras. Fue al caer la tarde, sentado bajo el viejo roble milenario, cuando escuchó la voz que más deseaba su alma:

“- ¡Ojalá amaras y te amarán cientos de ellas!”.

La voz siempre habla a los que quieren oírla.

 Volvió cambiado del monte. Como un niño al que al vida le regala una rana encantada. Agradeció vivir varios amores y aún hoy cuentan que aquel hombre, felizmente casado,  y aquella mujer, felizmente célibe,  se siguen encontrando en otros inesperados paraísos, saboreando el néctar de sus miradas y degustando la piel de sus almas. Se han convertido en ángeles.

Valentín Turrado

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